La saga Hellraiser, de Clive Barker (II)

La puerta al infierno

En la segunda entrega de esta saga, Hellbound: Hellraiser II (1988), Barker y el director Tony Randel, un entregado a la serie B por completo, nos relatan el destino de Kirsty Cotton, la joven que logró derrotar a los cenobitas de Pinhead en la cinta anterior, y que debido a lo traumático de su experiencia pasada, termina recluida en una clínica para enfermos mentales en donde lucha por borrar de su memoria la atroz experiencia sufrida que desemboco con la muerte de sus progenitores. Pero justamente en ese tétrico lugar es donde toma contacto con el macabro Doctor Channard, que logra identificar en la atormentada Kirsty la clave que precisa para por fin concretar sus intentos de hallar el umbral a un mundo oculto de sombras y sinrazón. Pronto una joven autista, y una resucitada Julia, posibilitarán el acceso al demencial Doctor Channard al sitio mismo del Infierno, allí donde Kirsty ha de enfrentarse con el maligno tío Frank, y con Pinhead y su séquito de furiosos cenobitas.

El laberinto del mal

La llave para entrar al infierno de Barker es un extraño artefacto lúdico en forma de cubo, el cual ha de armarse de cierta manera que accione el mecanismo que abre las entradas a un averno increíble, con la forma de un laberinto imaginado por el visionario artista gráfico Maurits Cornelis Escher, y por Jerónimo Bosch, el Bosco.

En el corazón de ese Dédalo de tormentos los personajes de Barker y Randel deambulan escapando de su propia conciencia, hasta que por fin el Mal mismo, un inédito Satanás en la forma de un geométrico monolito, es destruido por Kirtsy y la adolescente autista, para escapar por el momento de todas las fuerzas del mal que habían sido desencadenadas. Uno de los momentos más logrados de esta cinta, inolvidable para todos los amantes del género fantaterrorífico-gore, es cuando Pinhead se enfrenta a un Doctor Channard transmutado en cenobita. Es una psicotrónica secuencia surrealista y onírica que tristemente debió de sufrir una gran censura, por su alto contenido de efectos sanguinolentos.

De nuevo Ariadna, y su demonio interior

Sin duda los seguidores de Jung y del círculo de Eranos, estarían de acuerdo en percibir en la estremecedora estética manejada en Hellbound, en su ambientación de pesadilla, una nueva versión del mitro del Minotauro, Teseo, y Ariadna. De igual manera lo lúdico, el cubo infernal, el disfraz de Teseo es el símbolo de la sinrazón, la azarosa puerta a la otredad, el Minotauro no es más que la figura que condensa la maldad y las pasiones arrebatadoras de los humanos, y es a la vez un aspecto de la divinidad, la crueldad de Apolo, la malicia de Dionisos, el ciego arbitrio del Dios de Job. Y Ariadna aquí es un Teseo reformulado, pugnando por escapar de la propia trampa de su trágico destino, ante la presencia ominosa de una divinidad ansiosa de delirio y muerte.

Hellbound es un viaje a lo más lejano del ser y del bien, que lamentablemente nos hace identificar en ciertas regiones sombrías de nuestra propia alma. Muy recomendable producción, de mejores y más imaginativos tiempos fílmicos.

One Response to “La saga Hellraiser, de Clive Barker (II)”

  1. [...] como la de Margolles, como la del suizo H.R.Giger, o como la del mejor cineasta del splatterpunk cinematográfico underground, Jorg Buttgereit, la muerte misma, al ser des-cubierta en vida, es decir, trasgredida, [...]

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